Una vez más, el incombustible Jason Statham regresa a la gran pantalla para entregarnos una ración de su especialidad de la casa: una película de acción frenética y mamporros a diestro y siniestro. Antes de sentarse a verla, hay que dejar las cosas claras: este tipo de cine te tiene que gustar de antemano. Si el carisma de su veterano protagonista británico no te resulta atractivo, lo mejor que puedes hacer es archivar la cinta directamente en el cajón de las películas que no piensas ver en la vida.
Shelter: El protector no busca inventar la rueda; es una película más dentro de este trillado pero efectivo estilo. La premisa nos sitúa ante un clásico argumento de manual: un implacable Agente del MI6 se ve envuelto en la misión de salvar y escoltar a una niña indefensa mientras una legión de despiadados enemigos les pisa los talones. Absolutamente nada te va a sorprender en el metraje. Desde los primeros compases sabes con precisión quirúrgica qué va a suceder a continuación, cómo se resolverán los giros de guion y quién es el malo malísimo de la función. Pero es que, seamos honestos, este tipo de producciones juegan precisamente a eso.
La gran virtud del filme reside en no engañar a nadie. Es una propuesta ideal para verla en un momento del día en el que no necesites ni quieras pensar, un oasis de evasión donde solo buscas distraerte y desconectar el cerebro de la rutina diaria. Statham reparte golpes con la soltura y elegancia de siempre, las coreografías de combate cumplen con creces su cometido y las persecuciones mantienen la adrenalina a flote durante todo el metraje.
En definitiva, si buscas un guion profundo, giros inesperados o dobles lecturas psicológicas, sal corriendo de la sala. Pero si lo que deseas es un plato de acción directa, honesta y sin pretensiones, Shelter te dará exactamente lo que has ido a buscar.
