Si estás buscando una película que revolucione el cine de acción o que te deje pensando durante días, Matchbox (2026) no es esa producción. Pero si lo que necesitas es desconectar el cerebro un domingo por la tarde cuando no tienes absolutamente nada mejor que hacer, la nueva apuesta de Sam Hargrave cumple el expediente sin grandes alardes.
La trama nos mete de lleno en una persecución internacional cuando un grupo de amigos se reencuentra con su antiguo líder (un John Cena que encaja perfectamente en este tipo de roles). A partir de ahí, la película se convierte en un desfile constante de choques, explosiones y acrobacias vehiculares que, al menos visualmente, logran mantenerte pegado a la pantalla gracias a la buena mano de su director con las escenas de riesgo.
El gran acierto de la película es que no se toma a sí misma en serio. Sabe perfectamente lo que es: una comedia de acción básica. Funciona gracias a alguna que otra broma bien colocada y un ritmo que no te deja aburrirte, apoyándose en la nostalgia de los icónicos carritos de juguete.
Sin embargo, el guion es plano y predecible a más no poder. Los chistes no siempre dan en el blanco y la historia avanza a base de clichés del cine de espías, descuidando por completo el desarrollo de los personajes interpretados por Jessica Biel o Arturo Castro.
Matchbox es el equivalente cinematográfico a la comida rápida: te llena en el momento, pero te olvidas de ella apenas aparecen los créditos finales. Una película dominguera, palomitera y muy simple, ideal para ver en el sofá sin mayores pretensiones.











