Aaron Sorkin, uno de los guionistas más reputados de Hollywood, escribió -entre muchas otras cosas-, La Red Social. La cinta, que dirigió David Ficher, fue una película con un ritmo impresionante, que no perdía el interés en ningún momento, y en la que siempre sabías que estabas viendo algo especial, mientras te contaban la historia de la creación de Facebook.
Han pasado dieciséis años, y el propio Sorkin se encarga de escribir y dirigir la secuela. En este caso, la historia se centra en los papeles de Facebook, la investigación periodística a principios de esta década en la que se destapó la falta de ética y escrúpulos de Facebook a la hora de difundir bulos por un puñado de clics.
Premisa interesante, gran guionista, que también ha dirigido un par de películas decentes, un reparto de lujo con Jeremy Allen White, Jeremy Strong, y Mikey Madison. ¿Qué puede salir mal?
Pues… prácticamente todo. El Precio de la Red es una película aburrida, sin ritmo, y sin ningún tipo de interés. La parte de la investigación periodística es inexistente. Es básicamente una empleada de Facebook –Mikey Madison es lo mejor de la película-, dando un chivatazo, y un periodista -si pensabais que era imposible desperdiciar tener a Jeremy Allen White de protagonista, piensa de nuevo- cubriéndolo. Esto nos lo van mezclando con la preparación de Zuckenberg –Jeremy Strong funciona particularmente bien como un Zuckenberg bastante más psicópata que en la predecesora-, para una audiencia en el congreso.
La película avanza y nos van desvelando algunas de las decisiones de Zuckenberg que no muestra ningún tipo de reparos a la hora de enganchar a los usuarios aunque se esparzan bulos, con el asalto la congreso por parte de radicales MAGA el día de reyes de 2021, del que culpan directamente a Facebook.
Donde Fincher conseguía que la historia fluyese, que entendieras las motivaciones de los protagonistas, y que realmente quisieras ver como seguía la historia. En El Precio de la Red, el mensaje es potente -puede que incluso más potente,, pero la manera de entregarlo es aburridísima, los personajes insulsos, y cuesta mantener la atención, porque lejos de poder compararse con las grandes películas de investigación periodística, se parece más a una película de sobremesa.
Una oportunidad desperdiciada.











