Es bien sabido por quienes me han escuchado alguna vez que no soy un gran fanático de la saga Star Wars; sin embargo, ese distanciamiento no me impide sentarme en la butaca a disfrutar y valorar cada nuevo largometraje de la franquicia. En esta ocasión, el universo expandido de Lucasfilm da el salto de la televisión a las salas comerciales con las aventuras de su dúo dinámico por excelencia. El resultado es un filme impecable en lo visual y lo técnico, pero que carece por completo de un guion sólido y transmite una preocupante sensación de vacío.
En la parte positiva de la balanza, destaca el maravilloso diseño de los bichos y las criaturas alienígenas que pueblan el metraje, regalándonos alguna que otra escena de acción bastante chula y estéticamente atractiva. Sin embargo, estos destellos visuales no logran camuflar el problema central: es una película que carece de emoción. La narrativa avanza sin alma, los conflictos se resuelven de forma predecible y la tensión dramática brilla por su ausencia, dejando frío al espectador que busca algo más que simple pirotecnia.
El largometraje sufre enormemente al intentar justificar su existencia en el circuito comercial. En lugar de sentirse como un evento cinematográfico de primer orden, la cinta se percibe más bien como un capítulo largo de la serie de televisión que como una verdadera película. Teniendo esto en cuenta, la decisión de llevarla a los cines parece más un movimiento comercial que artístico; la producción podría haberse estrenado perfectamente de forma directa en la plataforma de streaming Disney+ sin resentirse en absoluto. En definitiva, The Mandalorian y Grogu no va a conseguir que mejore mi visión general sobre la franquicia creada por George Lucas. Es un pasatiempo visualmente digno para los muy cafeteros, pero una obra menor y plana para el espectador que exija una historia con sustancia.
