Se han justado para hacer una película el que seguramente sea el mejor director español de los últimos años, Rodrigo Sorogoyen, y el que podría ser el mejor actor español de todos los tiempos, Javier Bardem. ¿Y qué han hecho? Una película maravillosa, pero que no es para todos los públicos.
Es una película a ratos dura, lenta si te gusta el cine movidito -tiene varias escenas larguísimas-, que requiere toda tu atención, pero te devuelve mucho. En primer lugar, está perfectamente ejecutada, tanto a nivel técnico, como a nivel de guión y desarrollo de la historia. Empezando con una primera escena magistral y que ya marca el tono de la película, sabe como buscar los momentos, sabe como construir la tensión -sin entrar en detalles, la escena del rodaje de la comida es una cosa tremenda-, y sabe como desarrollar una historia con una conclusión imposible de mejorar pero que, una vez más, no es para todo el mundo.
A nivel de actuaciones… creo que todavía no somos conscientes de lo que tenemos con Bardem. El rostro más identificable del cine español, para cuando acabó la primera escena dejó de ser Javier Bardem, actor ganador de un Oscar, y pasó a ser Esteban Martínez, director ganador de dos Oscar quien abandonó a su hija. Consigue que ves la evolución de su personaje de decadas en una actuación desde el presente. Le da al personaje carácter y profundidad, y da una masterclass de actuación. Y luego está Victoria Luengo, que le mira a la cara y consigue reflejar a esa chica que sonríe y pone buena cara por fuera, pero que por dentro está hecha un cristo. Ellos dos llevan todo el peso de la película, y tienen una química fantástica para contar una historia de relaciones paterno-filiales, y siempre están bien rodeados por secundarios de lujo -la mayor parte colaboradores habituales de Sorogoyen, entre los que destacana Marina Foïs, y como es de esperar Raúl Arevalo.
El Ser Querido en ejecución puede incluso ser su mejor película, pero -deliberadamente, es una historia mucho más profunda y personal- no te rompe los esquemas ni te hace explotar la cabeza al nivel de otros trabajos de Soroogoyen., y tampoco lo busca. También hay que decir que da la sensación de que, desde el embrión, es una película concebida para agradar a la crítica.
En definitiva, una película maravillosa, que merece ser vista, pero desde luego no es una película para apagar el cerebro y distraerse un poco: es incomoda, y tiene momentos en los que hace que te muevas en la butaca del cine buscando esa comodidad que lo que ves en pantalla no te da.
Bonus track: si encima eres cinéfilo, la temática tiene efecto multiplicador.
